Colaboradores

BUZÓN

Enviad vuestros relatos para que la biblioteca crezca

fsabadia@live.com
Mostrando entradas con la etiqueta GABRIEL DEL MOLINO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta GABRIEL DEL MOLINO. Mostrar todas las entradas

sábado, 9 de junio de 2012

BAILANDO




Mientras en la vieja radio sonaba Perry Como, la mujer recogía el desayuno. El día era gris, y nadie le había dado los buenos días. Se aferró al palo de la escoba, y danzó al son de la música. Si hubiese mirado por la ventana, me habría visto con mi ramo de flores, mi vestido de fiesta y los mocasines italianos. Pero comprendí que no podía hacerla mas feliz que en ese momento de soledad.


Autor: Gabriel del Molino



sábado, 28 de abril de 2012

MURALLAS




En los alrededores de aquel monasterio estaban los restos de gran parte de mi familia. Llevaban enterrados mas de doscientos años. Mi padre siempre me dijo que algún día recuperaría esa tierra, pero yo no lo tenía tan claro. La semana pasada tuve que ir a hablar de nuevo con el abad. Su percepción de la historia es muy distinta a la mía. No entiende que los años de lucha han acabado hace años, que ya no somos enemigos de la iglesia. La muerte de mi padre marcó el final de las enemistades. Ni mi hermana ni yo vemos sentido a esas reyertas cuyo origen se pierde en el tiempo. Pero el abad solo se fía de los libros. Una extraña ley de hace años, obliga a enterrar a todos los muertos de la comarca dentro de las murallas del monasterio, y no están dispuestos a cambiarla. Hoy, con mi hijo, me he acercado a una de las paredes de la muralla. Vamos a derribarla. Luego, que los muertos elijan en que lado quieren estar.




Autor: Gabriel Molino





sábado, 5 de marzo de 2011

LA VIE EN ROSE








Puso el viejo vinilo en el giradiscos, no sin antes limpiar el polvo acumulado desde la última vez.
Él Se agarró a su talle, y ella a sus hombros. En esa posición la vida se detenía.
Bailaron durante poco mas de tres minutos, pero durante ese tiempo, solo con su mirada primero, y los ojos cerrados mientras danzaban, se dijeron lo que en treinta años de convivencia se decían todos los días. Sin palabras.
Y es que, para celebrar su aniversario, desde el día que se prometieron amor eterno, se dedicaban unos minutos para rememorar que la vida tenía sentido mientras se tuvieran el uno al otro. Mientras hubiese cariño, una caricia, un beso o un roce que les recordase que no había nadie mas feliz.
La vida era de color rosa un día al año al menos.

Autor: Gabriel del Molino


sábado, 27 de noviembre de 2010

LA CURVA





La visibilidad era casi nula. Se había echado una niebla densa, casi moldeable. Caminaba por la orilla de la carretera.
Oía las olas que rompían en el acantilado, y a las gaviotas luchar nerviosas por los restos del pescado de la lonja. Ya se podía decir que había amanecido.
Al llegar a la curva, abrí la urna y posé las cenizas sobre la hierba. Hacía 48 horas que él había pasado por esa misma curva, con la misma niebla, y los mismos sonidos cercanos, pero no pudo pasar de allí. Una ironía que su última voluntad escribiese que depositase sus restos en el lugar que nos besamos por primera vez.








Autor: Gabriel del Molino









sábado, 8 de mayo de 2010

SE PASEABA...






Se paseaba desnuda por la casa, así conocí sus tatuajes y sus heridas.Hoy llevo una hora dibujándola, y no recuerdo su cara


Autor: Gabriel del Molino



domingo, 21 de marzo de 2010

ME PEDISTE UN RECUERDO





Me pediste un recuerdo, y no sabía que traerte. Pensé en traer la sombra de la encina que nos cobijaba para el verano en la plaza, pensé que sería bonito llevarte un pedazo del tejado de la iglesia, o el charco de la fuente de la alameda. Hasta quería haber cogido el sonido de las manzanas cuando caían maduras por el prado. O la mirada perdida del gato de doña Enriqueta, que siempre te ronroneaba cuando pasabas,¿te acuerdas?. ¡Pensé en tantas cosas!. Que al final no sabía quehacer. Por eso hice este poema, y espero que te guste, porque todo lo que me traía recuerdos de ti, lo he dejado encerrado en un baúl, y la llave la tiré al fondo del río, donde nos bañábamos cuando en verano, nos apretaba el calor.




Autor: Gabriel del Molino



domingo, 27 de septiembre de 2009

¿TE HE DICHO ÚLTIMAMENTE QUE TE AMO?






La invité a un concierto. Nunca había estado en uno, me había confesado. Era muy importante que se sintiese cómoda, asi que elegíuno de jazz. Sabía que le gustaba. Nos pusimos en una mesa cercana al escenario, pedimos unas copas. Había buen ambiente. Ella me miraba nerviosa. Empezó a la hora prevista. Unos temas clásicos, algo de Miles Davis, Chick Corea...continuaron con un par de improvisaciones, jam sessions se llaman. La veía encantada, aunque en su mirada notaba impaciencia. En un momento el saxofonista cogió el micro y dijo que el siguiente tema me lo dedicaba a mi. Ella me miró sonriendo, me cogió de la mano, y lo entendí todo. Era "Have i told you lately?". Lloré...


Autor: Gabriel del Molino








domingo, 31 de mayo de 2009

INMORTAL





Nos veíamos a menudo. Al menos una vez por semana. Ella siempre venía con un libro en la mano. Lo llevaba forrado, no le gustaba que nadie supiese que estaba leyendo. A mi si que me dejaba mirarlo. En una ocasión, lo terminó mientras estábamos en el parque. Inmediatamente, le quitó el forro, lo guardó en el bolso, sacó uno nuevo, le puso el forro, y comenzó a leer. Cuando apenas llevaba unas páginas, lo cerró y lo dejó sobre la mesa.No quiero que pase tiempo entre que termino uno, y empiezo el otro, me dijo. Si tengo algo que leer, continuó, pienso que no vendrá la muerte a por mi. No puede venir si estoy con una historia a medias. Es una forma de ser inmortal.








sábado, 7 de marzo de 2009

LA HORA QUE NO TENÍA QUE SER





No era ni temprano ni tarde, simplemente era la hora que no tenía que ser. No encontró su ropa al levantarse, ni los zapatos. Un viejo pijama era su única vestimenta.
Trató de recordar cuando había llegado allí, con quien, a que hora, pero su mente estaba en blanco. Recordaba la habitación, la casa, pero estaba seguro que no era la suya. Se asomó a una ventana, una avenida pero casi vacía, apenas unos coches y unos viandantes allá abajo, a ocho pisos de altura. Se acercó al baño, orinó. Pasó a la cocina, busco algo de comer. La nevera llena de comida, cogió una caja de leche y unos bollos de la encimera. Calentó el desayuno y se lo tomó. Puso la radio, noticias.
"Faltan dos horas y cuarenta minutos para el final" . Solo se escuchaba una cuenta atrás y algo de música en otras emisoras. Buscó una tele, la encontró. La encendió y lo mismo que en la radio: "Faltan dos horas y treinta y dos minutos para el final". Ahora no había nadie en la calle. Se quedó esperando. Dentro de ciento cincuenta minutos sabría la razón por la que estaba allí.






Autor: Gabriel del Molino






Seguidores

Todas las fotos son de internet