La biblioteca de babel

BUZÓN

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sábado 17 de marzo de 2012

SE CERRÓ EL PARÉNTESIS




Durante años mantuvimos una relación epistolar, intercambiamos miles, millones de palabras diariamente.Ella, me escribía en verde y yo la contestaba en azul. Escribes igual que Neruda le decía y ella sonreía; lo notaba en la suavidad de sus trazos, en sus líneas y en sus párrafos. Durante años mi sangre fue de color verde, no podía vivir sin sus letras que llegaban puntualmente en respuesta a las mías. Entraban por los ojos y llegaban directas al corazón y así entre letras nos amamos, nos acariciamos y nos soñamos.
Agosto terminó como todo que comienza termina; yo, como de costumbre escribí en azul pero no obtuve respuesta, esperé hasta el día siguiente y volví a escribir. Esta vez la respuesta fue un paréntesis cerrado y un punto, acompañando, en negro, ni siquiera en verde. Yo pensé que parte del mensaje se había perdido o que era una de esas caras que se envían los jóvenes hoy en día con el móvil y volví a escribir en azul preguntando por su significado. Un largo silencio me llevó a la realidad, un escalofrío me recorrió todo el cuerpo y se me heló el corazón. Me di cuenta que todo había acabado que era un punto y final, así de golpe sin más palabras que explicaran los motivos y el porqué. Hoy sigo sangrando pues el paréntesis quedó clavado en mi corazón como aquellos soldados españoles de la División Azul que los rusos dejaron clavados cruelmente con picos en la posición que defendían.




Autor: BLOPA DARUNE


sábado 10 de marzo de 2012

LA LLAVE










Me regalaron una llave, una hermosa llave, y lo hicieron (de esto no me cabe la menor duda) con la mejor de las intenciones. Pero deliberadamente o no aquél resultó ser un regalo fatal que vino a cambiar de forma radical mi vida.

No puedo tenerlo más claro. Desde el preciso instante en que la pusieron en mis manos (aquí la tengo en mis bolsillos) la llave me domina, es la dueña de mi voluntad y yo soy fatalmente su esclavo, pues de la mañana a la noche busco con obcecado afán (no hago otra cosa) la puerta que abre, la puerta en la que se halla la cerradura en la que a de encajar, la puerta que habrá de llevarme a saber a qué recámaras y/o habitaciones ignotas, secretas, a qué otros ámbitos enrarecidos, a qué extremas dimensiones de lo desconocido…






Autor: Carlos Enrique Cabrera






sábado 3 de marzo de 2012

CITA A CIEGAS








Había fantaseado tanto con aquel encuentro, pero nada fue como ella había imaginado, nunca la vida estuvo a la altura de sus sueños. No se paró ni a pensar ni a lamentarlo -¿para qué?- abatida y conformada, se levantó despacio, se dirigió a la entrada, abrió la puerta y se marchó.





Autor: Pilar Aguarón






viernes 24 de febrero de 2012

LA INTÉRPRETE





Cuando fue perdiendo el oído y no podía escuchar desde el patio las noticias de la radio le pedía a su esposa que le contara lo que pasaba. Ella, entonces, con una sonrisa, inventaba catástrofes y accidentes, golpes de estado remotos y aumentos, aún mayores, de los índices del costo de la vida. Otras, según su estado de ánimo, le transmitía con aire abatido, noticias sobre salvamentos heroicos, actos de generosidad y altruismo sin límite, como si estuviera hablando de lo sucedido hacía mucho tiempo.





Autor: Fernando Ainsa

sábado 18 de febrero de 2012

TORPEZAS








Hay dos ángeles en la casa. Ellos ni siquiera se conocen. A veces se preguntan quién dejó el rastro de plumas blancas que queda flotando sobre la cama. O levantan la cabeza sobresaltados, si entre sueños creen escuchar un revolotear de alas. Son dos ángeles de ciudad, sin experiencia, algo asustados porque alguien les ha encargado que vigilen. No lo hicieron muy bien. Un día, la mujer no volvió. Entonces siguieron cuidando de cosas pequeñas. El fuego. Las corrientes de aire. El agua que guardan los grifos cerrados. El ángel blanco teme a los perros y a los armarios abiertos como bocas que bostezan. El ángel negro tiembla si el cielo esconde una tormenta o si ve por un instante su imagen reflejada en un espejo amarillento. A veces pasean como insomnes por el pasillo. Solo entienden la palabra muerte cuando atraviesan, sin saberlo, el cuerpo del otro.




Autora: Patricia Estebán






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