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sábado, 12 de mayo de 2012

SORDERA





Según dicen la sordera trae consigo el aburrimiento.
Para el primer aniversario de la compra de su audífono, la compañía Siemens le ha obsequiado un juego de cartas de baraja y un tapete de franela verde, al parecer preocupados de que no se aburra.
Le anuncian que con ellas podrá jugar con los amigos al mus, la brisca, el bridge, el Remigio, la perejila, el cinquillo o el poker.
Con los pocos que van quedando, precisa.
No hay problema —lo consuelan— En caso extremo, también se pueden jugar solitarios.




Autor: Fernando Ainsa



sábado, 7 de abril de 2012

AMADOU, EL REY





Lleva un par de años barriendo las calles y está contento, pese a todo.
Sólo tiene una ambición, quiere ser rey.
Rey, aunque sea por un día.
Es su sueño, al mirar la televisión o, simplemente, al cerrar los ojos y dormirse mecido por esa esperanza.
Sin embargo, cuando se refleja en el espejo sabe que no puede ser otro rey que Baltasar, el rey que saluda y sonríe a los niños desde lo alto de su carroza mientras les arroja caramelos. El rey con capa de armiño y un gran turbante de colores que baja luego y se deja besar en las mejillas; el rey que visita a los que están enfermos en el hospital; el rey que se sienta en la puerta del gran almacén donde venden juguetes y al que los niños acarician: un rey negro.
Este año Amadou ha hecho todo lo posible por ser el rey Baltasar. Después de una larga cola en el Ayuntamiento, han seleccionado pajes y conductores de camellos para el desfile del 5 de enero y ha rogado ser el rey Baltasar. Y lo ha conseguido.
Ahora solo espera que tras el beso de esa niña rubia que sus padres izan hasta su mejilla y los de quienes hacen cola con la misma ilusión, empiece a desteñir su rostro, como el de todos los reyes Baltasar que ha visto desfilar desde que llegó a este país.
Desteñir, hasta quedar blanco.




Autor: Fernando Ainsa



viernes, 24 de febrero de 2012

LA INTÉRPRETE





Cuando fue perdiendo el oído y no podía escuchar desde el patio las noticias de la radio le pedía a su esposa que le contara lo que pasaba. Ella, entonces, con una sonrisa, inventaba catástrofes y accidentes, golpes de estado remotos y aumentos, aún mayores, de los índices del costo de la vida. Otras, según su estado de ánimo, le transmitía con aire abatido, noticias sobre salvamentos heroicos, actos de generosidad y altruismo sin límite, como si estuviera hablando de lo sucedido hacía mucho tiempo.





Autor: Fernando Ainsa

sábado, 28 de enero de 2012

PERRO EN COMÚN












Aunque somos pobres, a los habitantes de este vecindario nos gustan los perros. En otros barrios, los apedrean y maltratan. Algunos son ahorcados en las farolas o destripados en las cunetas.


Este perro apareció por nuestra calle, tan esquivo como maltrecho. Era una extraña mezcla de galgo y de fox-terrier, un perro vulgar y silvestre: un perro común. Cojeaba ligeramente de su pata derecha trasera y no paraba de rascarse. Con las orejas gachas y la cola entre las piernas nos miraba de lejos y al menor gesto nuestro se alejaba asustado. Como tenía hambre no costó mucho acercarse para darle de comer algún resto o tirarle unos huesos. Un día fue un vecino el que le dio los restos de un asado; al día siguiente, otro; y así lo fuimos adoptando. Cada uno le daba lo que podía, en turnos improvisados. Poco a poco permitió que nos acercáramos y finalmente alguien le rascó la cabeza. Llegó el momento en que, tras una colecta, lo llevamos al veterinario.


Ahora no cojea, no se rasca más, está vacunado, lleva una placa y un chip con su nombre, el nombre de nuestro barrio y mueve la cola cuando nos ve. Va de una casa a la otra y duerme donde le apetece. Ya no es un perro común; es un perro en común, lo que no es lo mismo, aunque lo parezca.




Es que en este barrio somos pobres, pero solidarios.




Autor: Fernando Ainsa







sábado, 19 de noviembre de 2011

DECISIONES










Me han dicho que debo tener cuidado en esta ciudad.
La inseguridad reina, pero soy fuerte y tengo una corpulencia que creo disuasiva. Por eso decido pasar por el sombrío callejón entre las dos avenidas. Sin embargo, confieso que me sorprendo al ver un enclenque pequeñajo salir de un portal y decirme sin mucha convicción: “¡Dame el reloj!”. Aunque tiene una navaja en la mano, le respondo que no le doy nada y lo miro fijamente. Baja los ojos, está demacrado y muy delgado, pero agita la navaja y repite con insistencia: “¡Te digo que me des el reloj. Dame el reloj!”.
Lo mido de arriba abajo y decido: lo tumbo de un solo puñetazo y queda tendido a mis pies, boca arriba. Está inconsciente y lo observo con más detalle. Lleva una vieja y sucia camisa abierta sobre un pecho hundido del que sobresalen las costillas y calza unas zapatillas deshilachadas. No tiene calcetines y parece destentado.
Lo vuelvo a mirar y tomo otra decisión : me quito el reloj y lo deposito con cuidado sobre su camisa entreabierta.
Antes de irme, intento reanimarlo.




Autor: Fernando Ainsa







sábado, 22 de octubre de 2011

SE ABRIÓ LA TEMPORADA DE CAZA










La liebre no tiene la culpa del pecado original de Adán y Eva. Sin embargo, creada el sexto día del Génesis, no se sabe muy bien porque fue también expulsada del paraíso terrenal (las liebres no comen manzanas) y ahora anda a salto de mata por nuestros campos, esquivando los cartuchos de los cazadores. Como les pasa a tantos otros animales — codornices, patos y perdices— los justos pagan por los pecadores. Es más, son los descendientes de Adán, el presunto pecador, los que cargan las escopetas al hombro y los que cultivan y cosechan con ingenio y eficacia una gran variedad de manzanas.







Autor: Fernando Ainsa






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