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sábado, 14 de enero de 2012

HORIZONTE





Bajo un crepúsculo rosa, en un frío atardecer de diciembre, un perro gime mientras golpea insistente una puerta iluminada, es una demanda prudente incluso ingenua, sin embargo la caja de resonancia de los edificios en círculo de esta manzana multiplican el lamento que llega a mi balcón.
Yo no quiero un perro, no quiero un perro, pero cada tarde me apeno con su lastimero duelo de fidelidad rota, reflexionando sobre la curiosa decisión adquirir una mascota para arrumbarla junto al mobiliario de hierro forjado, y mesa de cristal en la que yace una sombrilla mustia en semestres frescos.
El perro busca infructuosamente la pelota con la que entretiene sus solitarios y ahora gélidos días, pero la coló en los tejados de uralita que lindan con su prisión/ terraza. Abandona momentaneamente la puerta iluminada, camina un poco, ahora insiste en el rascado de un cristal oscuro, anhelado que alguien, con más alma, dormite a oscuras en un sofá, se apiade de él y le ofrezca caricias y cobijo.
Mi hija si quiere un perro, demanda un perro, yo se lo vengo negando día a día, año a año, hasta esta última mudanza,.
Hoy mientras fumaba mirando este horizonte enladrillado de patio de vecinos , en el que adivino crepúsculos he tomado una decisión, este año Papá Noel le traerá una mascota, no el labrador que ella había apuntado, sino un perro más pequeño , tampoco un cachorro, sino un animal que está olvidando su infancia, un animal que como ella está buscando su sitio en el mundo, mañana cuando abran la ferretería compraré arnés, mosquetón y cuerda con la que deslizarme desde mi atalaya del cuarto, sé que aunque quedan pocos días debo ponerme a dieta, mi peso quizá exceda la resistencia de los techados que separan mi bloque de la terraza de la manzana contigua. Ah!, tengo que acordarme de borrar de su lista de Reyes esa alfombra que junto al perro se pide cada año, - mamá quiero una alfombra de pelos que este suelo es muy frío, y las alfombras son cálidas, no tengo aspirador.






Autora: Arqui-Loca


sábado, 2 de abril de 2011

VACÍO ENVASADO








El viernes salí con mis amigas. Cuando regresé a casa mi marido estaba achicharrando en el horno una pizza precocinada, la cena que las niñas han establecido para ese día. Un bocado insulso y seco, que apenas se podía tragar sin acompañarlo de líquido para ayudarlo a discurrir por el tubo digestivo. De haber intentado adivinar y describir a ciegas qué estaba comiendo, salvo un ligero y lejano sabor a pan requemado todo lo demás habría sido como definir la nada masticable y dura. Mientras intentaba deglutir esta nada, pregunté a mi marido qué tal el día. El respondió con monosílaba aspereza, entonces, de repente supe a qué sabía la cena. La pizza de los viernes sabía a matrimonio. Cuando terminé salí a la cocina a tirar los restos, entonces observé el envoltorio en la basura, comprobé que estaba caducada.




Autora: Arqui-Loca






sábado, 29 de enero de 2011

LUCIÉRNAGAS






Creyeron que lo peor era ese preciso instante de estruendosa negrura cenital. Para iluminarla susurraron sus nombres con voz temblorosa, apenas audible. La palabra es candil, pero no alumbraba lo suficiente. Avivaron la llama, conatos de caricias anhelantes, gestos crispados para verse sin luz. Tacto áspero convertido en ojo. El negro es la ausencia de todo color. Entonces recordaron sus contornos: amor rosa, sexo carmesí, melancolía violeta, infancia añil, amigos naranjas, desencanto marrón, ternura magenta, despreocupación verde, fiesta amarilla. Se hicieron resistentes, tenían tiempo suficiente para narrar matices, y cada día fabricaban destellos pese a no tener ni sombra.
Arriba, en la boca de la mina, los familiares continuaban alimentando una sonda con la inmensa claridad de la esperanza.



Autora: Arqui-Loca




sábado, 30 de octubre de 2010

¡ANDA DAME DOS BESOS!





¡Anda riéte un poco, que ahora nunca te ries!
¿porqué no me dejas tocarte las tetas?
¡Déjame acariciarte y besarte en la boca! dijo el marido tras años de silencio.
Mientras ella , timidamente, había comenzado a conversar incansablemente con otro hombre. Palabra a palabra imaginó el deseo esquivo. El goce de dejarse lamer por otra lengua, dejarse milimetrar la piel con la medida de otras manos. Sin ninguno de los dos, pero con la idea de este último, el conversador , llegó de nuevo al éxtasis.
Después de muchos párrafos se dejó humedecer por su saliva, lenta pero urgente, el tacto sutil, disfrutó del reconocimiento en el que se demoran los desconocidos carnales.
Incluso se le erizó de nuevo el bello con la promesa de una lujuria desacostumbrada, y por fin ambos, los amantes, alcanzaron esa pequeña muerte violenta y dulce, luminosa, pero muerte al fin.
Ella rió, rió mucho aquellas dos noches, dolorosamente breves y secretas. Succionó durante horas el placer de los labios de él. Ofreció generosa sus pezones al pincel ardiente de su boca, él le dibujó exquisitos ideogramas, que ella aún no ha olvidado. Las manos de su amante sobrevolaron su espalda, con un leve y prolongado aleteo eléctrico, ella separó lo pétalos, y él libó , libó sin oposición el cáliz nocturno de la flor del deseo recién florecido.
El se tornó mariposa, lástima que antes del partir ella solo fuese capaz de decirle:
¡anda dame dos besos!



Autora: Arqui Loca




sábado, 4 de septiembre de 2010

LA SECADORA



Vivo en un ático, mi puerta queda frente a la escalera que conduce a la azotea. Lavo a menudo y subo a tender allí, siempre que el tiempo lo permite.
Como trabajo en el turno de tarde, tiendo por la mañana y recojo la ropa por la noche.
Quedo con el vecino del bajo, vicepresidente de la escalera, hacemos el amor en el descansillo. Al terminar pliego la ropa, la dejo en el cuarto de la plancha y me acuesto a dormir con mi marido. Recientemente la empresa me mandó a Murcia, a un cursillo, mi marido esperaba impaciente mi regreso, coincidía con nuestro décimo aniversario de boda. Nada más llegar me vendó los ojos, a oscuras, me condujo de la mano para mostrarme ilusionado una doble sorpresa: había mandado cubrir la terraza de nuestro piso y adquirido una secadora. No habrá más aniversarios, me separo.





Autora: Arqui-loca


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