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domingo, 8 de julio de 2012

RELATO





Ya se iba a la cama cuando se le ocurrió aquel relato genial y ya no durmió en toda la noche (le resultó imposible desprenderse del asiento) escribiéndolo. En la mañana leyó con emocionada voz el texto ya del todo concluido a su mujer (una taza de humeante café en la mano) que fue viendo con creciente interés cómo la vida de ambos se describía de forma minuciosa en aquellas páginas memorables. Al final, con un júbilo y regocijo infinitos, tal como el cuento describía en su magistral desenlace con asombrosa verdad, los dos quedaron incorporados a su trama sutil.



Autor: Carlos Enrique Cabrera

sábado, 21 de abril de 2012

RELATO







YA se iba a la cama cuando se le ocurrió aquel relato genial y ya no durmió en toda la noche (le resultó imposible desprenderse del asiento) escribiéndolo. En la mañana leyó con emocionada voz el texto ya del todo concluido a su mujer (una taza de humeante café en la mano) que fue viendo con creciente interés cómo la vida de ambos se describía de forma minuciosa en aquellas páginas memorables. Al final, con un júbilo y regocijo infinitos, tal como el cuento describía en su magistral desenlace con asombrosa verdad, los dos quedaron incorporados a su trama sutil.


Autor: Carlos Enrique Cabrera


sábado, 10 de marzo de 2012

LA LLAVE










Me regalaron una llave, una hermosa llave, y lo hicieron (de esto no me cabe la menor duda) con la mejor de las intenciones. Pero deliberadamente o no aquél resultó ser un regalo fatal que vino a cambiar de forma radical mi vida.

No puedo tenerlo más claro. Desde el preciso instante en que la pusieron en mis manos (aquí la tengo en mis bolsillos) la llave me domina, es la dueña de mi voluntad y yo soy fatalmente su esclavo, pues de la mañana a la noche busco con obcecado afán (no hago otra cosa) la puerta que abre, la puerta en la que se halla la cerradura en la que a de encajar, la puerta que habrá de llevarme a saber a qué recámaras y/o habitaciones ignotas, secretas, a qué otros ámbitos enrarecidos, a qué extremas dimensiones de lo desconocido…






Autor: Carlos Enrique Cabrera






sábado, 4 de febrero de 2012

EL OTRO









Hoy me levanté de la cama y entré al baño a asearme, como hago de forma habitual y rutinaria cada mañana, y al mirarme detenidamente en el espejo del lavabo, no me reconocí. El rostro que me observaba desde la pulida superficie poblada de engañosos reflejos era sin duda el rostro de otro, de ningún modo el mío de siempre.

Y horror de horrores: al momento de vestirme tampoco mi ropa me sirvió.




Autor: Carlos Enrique Cabrera


sábado, 10 de diciembre de 2011

ESCRIBIENDO










Qué intensas sensaciones se conjugan en este aquí y ahora para hacerme por entero feliz. Estoy escribiendo y parece que con magníficos resultados, mejores incluso de los esperados. De algún modo (pienso) no he perdido el tiempo, y todos estos años con sus vivencias y vicisitudes y tantas horas dedicadas a la lectura, a la audición de música variada y de altura, a la contemplación de filmes y cuadros y esculturas y puestas de sol y paisajes campestres y urbanos y humanos, han dejado una positiva huella en mí, han terminado por educar mi sensibilidad estética, me han servido de magnífico y eficaz entrenamiento para la difícil y ardua tarea de la escritura.

También (claro está) ha contribuido a este extraordinario y maravilloso logro actual los millares de cuartillas que he venido rellenando día tras día durante todos estos años en la más absoluta soledad sin resultado inmediato aparente, siempre torturado por la convicción de que nada de esto servía para nada ni en modo alguno era valioso ni habría de importarle a nadie; nunca.

¡Ah, queridos amigos!, esta página que ahora aquí redacto sería la prueba irrefutable y perfecta de cuanto digo si lo que voy plasmando en ella de izquierda a derecha en negros caracteres (descripciones, narraciones, diálogos, reflexiones, ideas, emociones, sensaciones, percepciones, vivencias…) no se volatilizara del mismo modo de derecha a izquierda vertiginosamente, recuperando la página toda su alba pureza, tal como ha sucedido con los cientos y cientos (es sin duda ya un vastísimo, inabarcable conjunto…) que he cubierto febrilmente con mi apretada caligrafía a lo largo del día y que ahora se amontonan en mi escritorio (encima y alrededor) en el más completo desorden.






Autor: Carlos Enrique Cabrera






sábado, 9 de julio de 2011

HUÉSPED







Cuando vio la larga y desencajada figura de don Quijote materializarse en el centro del salón, lanza y escudo en ristre, no se sorprendió lo más mínimo. Siempre supo que un personaje de ficción bien logrado está más vivo que cualquiera de los seres de carne y hueso con los que el azar nos obliga a compartir la existencia. Y más aún: que esta verdad es todavía más verdadera en relación al viejo manchego devorador de libros de caballería que con cualquier otro personaje de la vasta y diversa literatura universal. De modo que, sin apartar la mirada del recién llegado huésped, dejó el volumen II del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha sobre la mesita a su lado y, saltando presto del asiento, caminó jubiloso (y sintiendo en el alma una íntima e irrenunciable recompensa) al encuentro del Caballero de la Triste Figura que, como no podía ser menos, venía en compañía de su gordo y simple escudero Sancho Panza, con el que sostenía un intrincado e interminable diálogo al que él pronto, sin lugar a dudas, se incorporaría para siempre…









Autor: Carlos Enrique Cabrera















sábado, 7 de mayo de 2011

SOMBRA










Ahí está su sombra (como cada día acude puntual a la cita no acordada) ya adelantándose a sus pasos, ya siguiéndolo con tenacidad y persistencia inconmovibles, ya colocándose a su lado como una igual, con el más absoluto descaro (y altanería e impertinencia) imaginable, demostrando de forma incontestable y palmaria cuán notables vienen siendo sus progresos en el desarrollo de una voluntad propia y cómo crecen sus niveles de autonomía e independencia, hasta qué punto está logrando asumir por entero el mando de su vida. Ah, viéndola ahora aquí, adherida al pavimento como un negrísimo betún gomoso, a cada instante más nítida y definida, mientras él cada vez más ostensiblemente se diluye y afantasma, le resulta por completo evidente que definitivamente terminará suplantándolo en todos sus papeles estelares.






Autor: Carlos Enrique Cabrera







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