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BUZÓN

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sábado, 8 de enero de 2011

JUSTICIA





Lamentarán el error del año pasado. Tenían la sesión aquella misma tarde, la que aceptaron a cambio de disminuir condena. A través de aquel cristal pude asistir al momento en el que el psiquiatra tuvo que detener la hipnosis, el corazón empezaba a fallarles entre terribles convulsiones y gritos de dolor. Ahora ya saben lo que es perder a un hijo.




Autora: Isabel González



viernes, 24 de diciembre de 2010

sábado, 18 de diciembre de 2010

UN SUEÑO






Anoche, parafraseando a Daphne du Maurier, soñé que volvía a Nürnberg. Las pocas horas que dormí se vieron revueltas con sueños extraños y confusos, y uno de ellos fue el que me despertó y me impidió seguir durmiendo.
Reviví historias, circunstancias y situaciones reales y pasadas. Pero los protagonistas no eran los de entonces, era el mismo escenario y se representaba el mismo guión, pero las caras eran distintas; las de personas que entonces no conocía y tardarían muchos años en aparecer, aunque sólo haya sido rozándola, en mi vida.
Caminando por las orillas heladas del Pegnitz hacia la Andrei-Sajarov-Platz.

Fue largo aquel invierno... y ya se avecina el siguiente.




Autora: Anna



sábado, 11 de diciembre de 2010

LADRÓN DE GUANTE BLANCO






El bar era de esos limpios, blancos, con el suelo de madera, paredes desnudas y sofás de cuero albino. Los camareros eran atractivos sin ser especialmente guapos. Sonreían sin ese peloteo que a ella le ponía tan nerviosa. Pidió una cocacola para despejarse y encendió un cigarrillo. El bar estaba tranquilo, la música, techno sin estridencias, se colaba muy bien por entre las personas que tomaban sus primeras copas de un viernes noche. A pesar de todo, el bar se le antojaba muy frío, y no solo por el aire acondicionado que hacía que en la calle se estuviera mucho mejor... Vigilaba el bolso, sabía que en esos sitios tan cools era dónde más ladrones de guante blanco había, vestidos con sus trajes a medida. Notó que alguien respiraba cerca de su hombro y se giró. Percibió enseguida que estaba en peligro al sentir cómo unos remolinos se dibujaban en la piel de su espalda. Despacio, recoge su bolso y lo pone en su regazo. El ladrón no quería la cartera, le cerró los ojos, le cogió la cara con ambas manos y le robó el beso más sonado de aquella hora en aquel bar.




Autora: Belén Inred


sábado, 4 de diciembre de 2010

"TE JURÉ QUE NUNCA PERMITIRÍA DEJAR DE AMARTE."







El espejo refleja el ojo cuidadosamente pintado. La sonrisa emocionada previa al encuentro. Me apresuro, se me está haciendo tarde y apenas tenemos tres horas cada jueves. LLego por fin, me besas apasionado, me desnudo entregada a tus manos, nada pierde de magia este momento arrancado a los años y al destino.

Después de haberlo sido todo el uno para el otro hace tantos años, y alejados por la vida hasta puntos completamente opuestos, nos reencontramos de nuevo, hace cuatro años. La vida, la jodida vida, nos ha devuelto en amantes fugaces que se beben la vida mutua en esos instantes.

Ahora, mientras me visto despacio, en la penumbra, me observas como cada jueves, con esa sonrisa absoluta. Pero hoy tu mirada no tiene ese puntito gris por la ineludible e inminente pérdida... hoy pareces diferente...

Te levantas, me abrazas por la espalda y me besas la nuca, sonrío, no creo que pudiese ser más feliz en estos momentos.

Hablas susurrando. Vas a separarte. Me pides que me separe, y nos casemos, y estemos de una vez juntos y para siempre.
Cierro los ojos. Me giro despacio, y te beso en la boca, en los ojos cerrados.

Mientras, me doy media vuelta despacio, y me alejo poco a poco.
En esos mismos instantes comprendo que hoy ha sido el último jueves... y maldigo profundamente la hora mientras me alejo para siempre.



Autora: Mme. Pompidou




sábado, 27 de noviembre de 2010

LA CURVA





La visibilidad era casi nula. Se había echado una niebla densa, casi moldeable. Caminaba por la orilla de la carretera.
Oía las olas que rompían en el acantilado, y a las gaviotas luchar nerviosas por los restos del pescado de la lonja. Ya se podía decir que había amanecido.
Al llegar a la curva, abrí la urna y posé las cenizas sobre la hierba. Hacía 48 horas que él había pasado por esa misma curva, con la misma niebla, y los mismos sonidos cercanos, pero no pudo pasar de allí. Una ironía que su última voluntad escribiese que depositase sus restos en el lugar que nos besamos por primera vez.








Autor: Gabriel del Molino









sábado, 20 de noviembre de 2010

AROMAS





El paisaje se atropellaba fugaz a través de la ventanilla del tren. Así mismo se sucedían los recuerdos en la mente de Bruno que, en silencio, seguía maravillado pensando en lo real que parecía Elena en su ausencia. Recordaba el olor de su piel, su sabor y cómo todos los días, al acostarse sin ella, en las manos aún guardaba un rumor de su perfume. El viaje había sido preparado para dos pero Bruno tragaba kilómetros de vía absurda con una butaca vacía a su lado y un billete de ida quemándose en su bolsillo. Siempre que el tren se sumergía en la espesa negrura de un túnel la mente de Bruno se fundía en ese insólito momento en que Elena no apareció por la estación. Al salir del túnel la estación se desvanecía y daba paso a la realidad. En el móvil temblaba el mensaje de un buen amigo:“No te emborraches que estás en una ciudad desconocida”, rezaba.

Una vez en la ciudad desconocida, Bruno se dirigió al Hotel de lujo y se perdió en la inmensidad de una cama de matrimonio. A pesar de todo se comportó como un turista. Visitando monumentos y conociendo el lugar consiguió sobrevivir a la soledad. Pero fue en su último día de estancia en aquella ciudad cuando, sin saber por qué, el perfume de Elena invadió completamente la calle por donde paseaba. Fue tan real que hasta le pareció verla. En ese preciso instante Bruno se giró y gritó su nombre. La calle, sin embargo, seguía vacía y las paredes grises hicieron rebotar su grito de forma despiadada. Efectivamente, podría haber sido ella que llegaba tarde a su cita pero que llegaba finalmente. Pero no. Sólo fue el viento que, apiadándose de Bruno, envolvió en sus brazos un último beso que ella estaba regalando a kilómetros de distancia. Bruno nunca consiguió olvidar esa calle ni ese último encuentro.



Autor: Marcos Callau



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