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sábado, 20 de noviembre de 2010

AROMAS





El paisaje se atropellaba fugaz a través de la ventanilla del tren. Así mismo se sucedían los recuerdos en la mente de Bruno que, en silencio, seguía maravillado pensando en lo real que parecía Elena en su ausencia. Recordaba el olor de su piel, su sabor y cómo todos los días, al acostarse sin ella, en las manos aún guardaba un rumor de su perfume. El viaje había sido preparado para dos pero Bruno tragaba kilómetros de vía absurda con una butaca vacía a su lado y un billete de ida quemándose en su bolsillo. Siempre que el tren se sumergía en la espesa negrura de un túnel la mente de Bruno se fundía en ese insólito momento en que Elena no apareció por la estación. Al salir del túnel la estación se desvanecía y daba paso a la realidad. En el móvil temblaba el mensaje de un buen amigo:“No te emborraches que estás en una ciudad desconocida”, rezaba.

Una vez en la ciudad desconocida, Bruno se dirigió al Hotel de lujo y se perdió en la inmensidad de una cama de matrimonio. A pesar de todo se comportó como un turista. Visitando monumentos y conociendo el lugar consiguió sobrevivir a la soledad. Pero fue en su último día de estancia en aquella ciudad cuando, sin saber por qué, el perfume de Elena invadió completamente la calle por donde paseaba. Fue tan real que hasta le pareció verla. En ese preciso instante Bruno se giró y gritó su nombre. La calle, sin embargo, seguía vacía y las paredes grises hicieron rebotar su grito de forma despiadada. Efectivamente, podría haber sido ella que llegaba tarde a su cita pero que llegaba finalmente. Pero no. Sólo fue el viento que, apiadándose de Bruno, envolvió en sus brazos un último beso que ella estaba regalando a kilómetros de distancia. Bruno nunca consiguió olvidar esa calle ni ese último encuentro.



Autor: Marcos Callau



6 comentarios:

Mery Larrinua dijo...

Como me ha gustado este cuento!!!!
Gracias por compartirlo.
Un abrazo

arqui dijo...

Pocos sentidos tan diestros como el olfato para hacer reales los fantasmas. El más evocador de todos. A veces es más duradero el recuerdo de un deseo que la propia realidad.Me ha gustado, he recordado cierto perfume, digo cierto hombre.

Marcos Callau dijo...

Gracias Mery y Arqui y millones de gracias a Fernando que nos sigue ofreciendo estas oportunidades para exponer nuestros relatos. Un honor estar en la Biblioteca de nuevo.

Manchas de tinta dijo...

No hay mal que por bien no venga. Gracias al sufrimiento de Bruno ha nacido este estupendo relato.

Yuri Zhivago dijo...

Hace tiempo que el tren se detuvo en una estación dónde fue real su presencia.
Un abrazo

39escalones dijo...

La nostalgia entra por el olfato, está claro. Quizá debió ponerse una pinza...
Abrazos.

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