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BUZÓN

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domingo, 28 de junio de 2009

LA TARJETA



Llovía con furia desde hacía unos minutos y casi fue un alivio parapetarse en aquella gasolinera.

El bajó del coche, se puso los guantes de plástico y comenzó a llenar el depósito mientras yo buscaba la tarjeta en mi monedero.

Con ella en la mano y memorizando el importe me acerqué a la caja del establecimiento.

Cuando la dejé junto a mi DNI sobre aquel mostrador atestado de chicles, caramelos de regaliz y reclamos varios no pude evitar reparar en esto: VALIDA HASTA 03/12

Por un momento sentí el inquietante vértigo de lo incierto.


Autora: Lamima



domingo, 21 de junio de 2009

AL OTRO LADO







Asomada a la ventana mientras al otro lado del cristal el sol brilla reflejándose en las lunas de los coches que hay aparcados en la calle. Acaban de podar los árboles que adornan la plaza, todo reluce, hay más espacio o eso parece, los pájaros no hacen más que revolotear sobre ellos, intentando asentarse.



Un niño rubio, de unos cuatro años tira de la mano de su madre intentando por todos los medios acercarla al kiosco, situado en un extremo de la plazoleta, donde a buen seguro le espera un buen puñado de golosinas de todos los sabores.



Un hombre vestido con traje azul y camisa blanca impecable se acerca hacia el portal contiguo al mío, seguramente vuelve a su casa después de todo el día trabajando. Se ha cruzado con el chiquillo y su madre, se los ha quedado mirando con una sonrisa en los labios, creo que su mujer está embarazada de su primer hijo.



Un anciano encorvado se acerca a uno de los bancos más soleados del parque ayudado por su inseparable bastón, ha mirado hacia mi ventana y me ha sonreído, lo he saludado con la mano, me pregunto cual será su visión de la vida, ahí al sol, viendo pasar uno a uno los días.



Autora : Victoria Salgado



domingo, 14 de junio de 2009

DIGNIDAD






- ¡Dignidad!
La palabra rebotó en las paredes desnudas de la celda. Un rayo de sol iluminó su rostro. Sucio, arrugado, casi tapado por el revoltijo de la barba. Un halo casi divino se apoderó de él y así lo percibieron los otros.
La escena se rompió cuando una nube eclipsó el sol y la sombra, como una amante insatisfecha, volvió a abrazar su figura. Todos a una se tiraron al suelo para recoger los mendrugos y la escudilla con agua sucia. A codazos se abrieron paso hacia el alimento. En aquel momento habían desertado del compañerismo que, hacía cuatro días, les había convertido en héroes. Querían comer…
Sólo él se mantuvo en pie, mientras el silencio de su alma se vaciaba en su mirada. Se dio la vuelta y lloró.


Autora : Laura Gomez Recas




martes, 9 de junio de 2009

ADIÓS HIPERBREVE (98 PALABRAS)






Trece de abril, el silencio al fin se rompió en un frío mensaje con el que pretendía terminar una gran historia. Yo decidí hacer la despedida más cálida, así que la llamé. Me descolgaron el teléfono pero me llevé una sorpresa al ver que ya no era ella la que hablaba. Un ventrílocuo dirigía desde la sombra a una muñeca que sólo movía los labios. Fue amargo escucharle decir cosas que nunca sintió al amor de una y mil vidas. Fue triste acabar una historia teniéndole que decir adiós a una marioneta de trapo con el alma robada.




Autor : Marcos Callau Vicente




jueves, 4 de junio de 2009

UNA SONRISA EN MIS OJOS





Hoy, tus labios han templado el frío invierno que cubre mis hombros con su manto, han fundido el hielo que entumece mi alma velada por lágrimas desperdiciadas.

Hoy, tu beso cálido y silencioso ha licuado el cristal de mis ojos y ha provocado su sonrisa, despertando parte de ese brillo escondido entre la escarcha de una mañana de enero fría, congelada…

Sonrío, callada...



Autora : Reina



domingo, 31 de mayo de 2009

INMORTAL





Nos veíamos a menudo. Al menos una vez por semana. Ella siempre venía con un libro en la mano. Lo llevaba forrado, no le gustaba que nadie supiese que estaba leyendo. A mi si que me dejaba mirarlo. En una ocasión, lo terminó mientras estábamos en el parque. Inmediatamente, le quitó el forro, lo guardó en el bolso, sacó uno nuevo, le puso el forro, y comenzó a leer. Cuando apenas llevaba unas páginas, lo cerró y lo dejó sobre la mesa.No quiero que pase tiempo entre que termino uno, y empiezo el otro, me dijo. Si tengo algo que leer, continuó, pienso que no vendrá la muerte a por mi. No puede venir si estoy con una historia a medias. Es una forma de ser inmortal.








lunes, 25 de mayo de 2009

SAMARCANDA BLUES






Cuenta el sabio Abu Bashir Ahmed Rashid al-Baqr que en otro tiempo Samarcanda era de oro. Que sus cúpulas y muros refulgían al sol de tan prodigiosa manera que el viajero no avisado se arriesgaba a quedarse ciego para siempre si, al encontrarse tras la última loma su tranquila silueta, plácida, lánguidamente descansada sobre la arena del desierto, no ocultaba a tiempo sus ojos a tan magno impacto. Que bajo la capa dorada de sus brillantes templos y palacios se extendía una alfombra de colores, una apoteosis de esencias, una catarata de voces emitidas en todas las lenguas conocidas. Que su cielo azul parecía tejido de esa seda para cuyo tránsito era precisamente Samarcanda un majestuoso puente entre China y Europa, una puerta edificada de piedras preciosas, especias, música y ricas telas teñidas de arco iris y polvo de oro. Que sus torres y minaretes eran tan altos que desde ellos podían alcanzarse las patas del Sagrado Trono de Alá...
Sin embargo, nos advierte el sabio Abu Bashir Ahmed Rashid al Baqr de que tal paraíso en la tierra se edificó sobre una orgía de fuego y muerte. Que, deseoso de superar al gran Gengis Khan en hazañas y crueldad, el sanguinario Tamerlán puso los ojos en la misma ciudad que aquél redujo a cenizas siglos atrás y que, contrariado por la resistencia que sus habitantes opusieron, ordenó su decapitación y muerte y la construcción de una gran pirámide de cráneos vacíos sobre la que encaramarse para proclamar su grandeza. Pero añade el sabio que, una vez satisfecha su sed de destrucción, erigido por encima de las torres de la ciudad, Tamerlán fue poseído súbitamente por una fiebre. Que, tocados sus ojos por la belleza que aún se levantaba a su alrededor, deslumbrado por los rayos del sol en los minaretes de la ciudad y embriagado por los aromas que conseguían, pese a todo, abrirse paso entre la putrefacción de la muerte, se enamoró de ella de modo tan enfermizo que ya nunca quiso abandonarla, para descontento de sus lugartenientes más belicosos, ansiosos de continuar sus razzias hacia poniente. Así fue cómo un asesino dio a Samarcanda el esplendor que jamás volvió a alcanzar ciudad alguna. Y tanto se enamoró de Samarcanda, tanto la cuidó, tanto la embelleció, que Samarcanda le perdonó su pasado y se enamoró de él. Y tan poderoso y tan fuerte fue este amor, que a la muerte de Tamerlán le siguió la lenta, triste e incesante muerte de Samarcanda. Atrás quedaron el oro y la seda, el esplendor y la gloria; en la Samarcanda uzbeka sólo sobrevive la arena del desierto en torno a un cadáver encerrado en un sarcófago de cemento de la era soviética. La tierra a la tierra, la ceniza a la ceniza, el polvo al polvo. Ya nos lo advierte el sabio: la gloria no es más que una montaña de cráneos vaciados.




Autor : Alfredo Moreno


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