La niña paquistaní cose el cuero, en la fábrica de Sialkot, donde a los empleados les pagan menos de cincuenta centavos de dólar al día.
El niño occidental ve uno de esos balones con el símbolo de la diosa de la Victoria en unos grandes almacenes. Su padre se lo compra por 35 euros, con tarjeta de crédito, junto con unas botas de reglamento y una camiseta de su equipo.
La niña paquistaní sueña con poder ir a la escuela, entre puntada y puntada que le destrozan las manos.
El niño occidental odia estudiar.
A la niña paquistaní le están robando la infancia.
Al niño occidental se le va la infancia en cada patada y a veces le duelen las puntas de los dedos de sus pies.
Cuando la bota del niño golpea la costura en busca del gol que le permitirá ingresar en el equipo de alevines, en el segundo que separa la grandeza del fracaso, convergen dos sueños infantiles.
Autora : Marina Fernández Bielsa
