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BUZÓN

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sábado, 26 de junio de 2010

SEMANA SANTA








Y me apasiono por todo… ¡Culpa tuya, mujer!
De un tiempo a esta parte el pecho lo tengo desgajado. Carne lacerada abierta al mundo, por la que igual se me cuela lo vivo que lo muerto, lo que está por venir, de lo que ya se fue.
Desde que te siento, mi piel de tambor retumba con la mera proximidad de unos labios y vibra de emoción con cada soplo de aliento que percibe cercano. Lloro sin más motivo, rezo con devoción al dios de los paganos y expío mis culpas latido a latido.
Tengo las manos ensangrentadas de abrazarte y mi espalda, surcada de las cicatrices que el pasado me dejó impresas, siente el latigazo nocturno de tus dedos al juguetear con mis costuras, y nota como aquellas marcas desaparecen con el tacto lascivo de tus dientes.
Ahora las espinas duelen menos de lo que dolían cuando se incrustaron en mis sienes recordándome que sólo soy carne.
Pido beber y me das tu sexo.
Es la hora de la pasión, de verter ardientes regueros de cera sobre tus pechos, de mimosos silencios y de febriles llantos.
Mi alma ya no duele, sólo vive. ¡Culpa tuya, mujer!.



Autor: Raúl Ariza



sábado, 19 de junio de 2010

OH, DULCES PRENDAS...






Me pongo su bombín, su pajarita, uso sus gemelos de plata en ocasiones especiales. Me gusta pensar que él, que ahora es todo huesos y una procesión de gusanos laboriosos, se dejó olvidado en casa lo mejor de sí mismo.
Autora: Patricia Estebán


sábado, 12 de junio de 2010

NO SE ESTÁ TAN MAL MUERTA







No se está tan mal muerta. La verdad es que el único problema que tienes es aguantar las alas, que tiene su dificultad. Pero en cuanto te acostumbras, todo va sobre nubes. Lo único fue cuando vi por una mirilla a la tierra. Vi a mi marido llorar, mis hijos desconsolados y mis amigos tristes. No lo pude soportar. Días más tarde vi a la muerte pasear a sus anchas. Se paró en una de las puertas del cielo, miro por fuera, me imagino que para ver si había algún pretendiente de su baile. No lo pude evitar, y le empujé, tirándola directamente a la vida. Ahora tiene que trabajar, pagar la hipoteca y pasar estrecheces económicas. Que se joda.





Autora: Belén Inred


sábado, 5 de junio de 2010

CENIZAS




Cada vez que me monto en el 40 me acuerdo de la noche que depositamos tus cenizas en la fuente de la Plaza España. No me puedo olvidar del momento en que me pediste que ejecutase tu última voluntad. No me extrañó tanto el lugar como que fuese precisamente yo el elegido. Siempre me habías dicho que si hubieses sido de familia bien o te hubiese tocado la Primitiva te hubieras comprado un apartamento en el edificio de la cúpula del Banco Zaragozano. Recuerdo que me llamaste por teléfono y pensaba que querías quedar conmigo para darme una paliza por haberme casado con Paula. Me juraste que hacía por lo menos dos años que ya no te apetecía partirme la cara, aún así acudí a la defensiva e intenté no darte la espalda en ningún instante.
Me dijiste –Carlos, me muero entre Paula y tú me habéis destrozado el alma y jodido la sangre.
No me creí ni una sola palabra de lo que me contabas sobre la leucemia y la quimioterapia. Me hiciste prometerte que esparciría tus cenizas en la fuente de la Plaza España. Yo por librarme de ti te dije que sí. No te fiabas de mí, claro está que después de lo de Paula no me extrañaba. Me hiciste firmar en una servilleta de los Espumosos que acataría lo que me legases en tu testamento.
A los tres meses vino a casa un notario que tenía su despacho en la Avenida Madrid. Me entregó una urna rococó con tus restos, un bulldog francés que se llamaba Nunca y una fecha en la que Paula y yo debíamos verter tus cenizas en la fuente. La noche que lo hicimos volvimos por los porches del Paseo Independencia sin hablarnos, sin apenas mirarnos a la cara. Ahora que voy en el 40 me acuerdo de ti y pienso en que al llegar a casa tengo que sacar a pasear el perro. Ni muerto has salido de nuestra vida.



Autor : Jesús Cuartero



sábado, 29 de mayo de 2010

DANAE BAJO LA DUCHA







Se quedó tendido sobre la cama, incapaz de moverse después de la larga sesión de sexo. Hacía unos minutos que oía el agua de la ducha bajo la que ella había desaparecido después de que él la hubiera convertido en una nube. Después de haber sido tan bien amada, que no tenía manera de recobrar su forma original. Y él se sintió conforme.




Autora: Luisa Miñana




sábado, 22 de mayo de 2010

LA NUEVA...



De un salto y dos zancadas se plantó ante él desde el otro extremo del salón. Puso sus brazos en jarras y se hizo la indignada. O quizás lo estaba. Comenzó a hacerle reproches. Que si en los últimos años se pasaba el día mirándola en silencio con cara de gilipollas. Que si nunca le dirigía la palabra. Que si ahora ni siquiera discutía con ella. Que si ya no le gustaba, con ese enorme trasero que tanto le sedujo el día que decidió invitarla por primera vez a casa. Que si cada dos por tres cambiaba de tema a golpe de mando a distancia y la dejaba con la palabra en la boca.

Angustiado por la situación, tomó una decisión. No estaba dispuesto a soportarla ni un minuto más y la arrojó por la ventana desde el décimo piso. Sin piedad. Después de treinta años, pensó, se merecía algo mejor. Más joven. Más servicial. Más esbelta. Casi anoréxica. ¡Cómo cambian los gustos con la edad! Ahora vive feliz con su nueva TV de plasma de 50” HD Ready con TDT actualizable por antena, cuatro HDMI y trescientos canales vía satélite. Ya nunca sale de casa.





Autora: Anna


sábado, 15 de mayo de 2010

TENEMOS QUE HABLAR







La operación había sido un éxito. Se trataba de una operación sencilla, bastaba con extirpar un par de nódulos de las cuerdas vocales. Nada grave según le habían advertido antes de que la anestesiaran. Laura odiaba los hospitales, en concreto el Miguel Servet, los profesionales que vestían batas blancas, las series de televisión en las que aparecían médicos, el olor aséptico que impregnaba las habitaciones y sobre todo detestaba el verde de los camisones de la Seguridad Social.

El postoperatorio era indoloro, debía abstenerse de hablar una sola palabra en dos semanas y de cantar durante unos meses. Lo de cantar le traía sin cuidado, pero lo de hablar era un asunto más delicado. Su rutina apenas tenía momentos de silencio. Necesitaba comunicarse de una manera continua, expresar su opinión sobre cada asunto que captaba su atención aunque no le hubiesen preguntado. Para mitigar la frustración de no poder comunicarse se había comprado una imitación de pizarra Vileda y un rotulador, de los que se borran al pasar un trapito por encima, en una tienda de chinos del barrio de las Delicias. Mientras duraron los efectos de la anestesia soñó cuales iban a ser las primeras palabras que escribiría en la superficie blanca de la pizarra. Se despertó y vio a sus padres y a su novio Miguel que llevaba en las manos un ramo de flores caras. Levantó el pulgar para hacerles saber que se encontraba bien. Le preguntaron varios detalles de la operación de los que no tenía ni idea, parece mentira que no tuviesen en cuenta que ella había estado dormida bajo los efectos de los anestésicos. Contestaba obviedades con buena letra, a cada pregunta su caligrafía empeoraba. A los diez minutos comenzaron las llamadas de teléfono a los móviles de sus parientes para interesarse por su estado de salud. Oía las respuestas que daban y le resultaba extraño que hablasen por ella y diesen una serie de detalles que estaba segura no había explicado en la pizarra que había comprado en los chinos. De repente Miguel le pasó su teléfono:



Es Noelia. Quiere saludarte y desearte que te recuperes lo más rápido posible-.



Laura puso cara de ¿Para qué me pasas una llamada? No ves que me acaban de operar. Cogió el móvil y escuchó en silencio



-Hola Laura, soy Noelia. Me da la impresión de estar hablándole a un contestador automático, la ventaja es que no se va a quedar grabado lo que te tengo que contar. Miguel y yo tenemos una aventura. No te ha dejado por lo de la operación pero cuando recuperes el habla se irá. Qué te mejores-.




Laura intentó contestar, insultar a Noelia y al mismo tiempo destrozar el ramo de flores caras que había comprado Miguel. No hizo nada,sabía que si forzaba la voz podía perder el habla para siempre y la necesitaba para pedir muchas explicaciones en quince días. Miguel, ajeno a la información que le habían ofrecido, se acercó a recoger su móvil. Laura lo miró con ojos de recién operada y escribió en la pizarra: No sabes las ganas que tengo de decirte un par de cosas al oído.


Autor: Jesús Cuartero




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