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viernes, 26 de marzo de 2010

A FLOR DE PIEL





No lo soportaba más y dejó caer la piel. El dolor de su cuerpo en carne viva era más soportable que el vacío de aquella lascivia eternamente insatisfecha. Media arroba de piel quedó en el suelo, plegada caprichosamente como un ligero vestido de noche junto a sus pies. Ahora sí. Ahora sí podría amar, aligerada de aquel enfermizo deseo carnal. Nunca supo, antes de morir hueca de amor, que la piel sólo era una humilde vasalla de la lujuria. Y que ésta habitaba en otro lugar.



Autora: ANNA



domingo, 21 de marzo de 2010

ME PEDISTE UN RECUERDO





Me pediste un recuerdo, y no sabía que traerte. Pensé en traer la sombra de la encina que nos cobijaba para el verano en la plaza, pensé que sería bonito llevarte un pedazo del tejado de la iglesia, o el charco de la fuente de la alameda. Hasta quería haber cogido el sonido de las manzanas cuando caían maduras por el prado. O la mirada perdida del gato de doña Enriqueta, que siempre te ronroneaba cuando pasabas,¿te acuerdas?. ¡Pensé en tantas cosas!. Que al final no sabía quehacer. Por eso hice este poema, y espero que te guste, porque todo lo que me traía recuerdos de ti, lo he dejado encerrado en un baúl, y la llave la tiré al fondo del río, donde nos bañábamos cuando en verano, nos apretaba el calor.




Autor: Gabriel del Molino



sábado, 13 de marzo de 2010

HAY DÍAS EN QUE TODO SON NÚMEROS





Las siete. Dos cafés y una ducha.
Cinco minutos de placer y veinte de prisas. Atasco. Lluvia. Sonrisas. De dientes a ojos. Nada nuevo.
Me pierdo el cielo de las diez, lucho contra cinco infiernos; salto a la comba con mi abuelo. Seis segundos. Suspiro. Sigo.

El corsé me aprieta tanto que me brilla el ombligo. Quince pelos y cuatro pestañas se suicidan sin despedirse.
Inicio. Apagar.
Enciendo un cigarrillo.
Se me cae el libro. Piso la colilla y la dedicatoria. No encuentro la estación de los bostezos de las tres, pero recuerdo quién me enseñó los números.
Hoy le diría que se "lució" conmigo.




Autora: Silberia



viernes, 5 de marzo de 2010

NO ERA MAL TIPO







No era mal tipo. Se contaban entre sus debilidades las raciones de madejas y de criadillas que preparaban todas las tardes en el bar de abajo y las magras con tomate que con tanto esmero le cocinaba su mujer, las cuales ingería con entusiasmo y voracidad, hasta dejar el plato completamente limpio. Llevaba siempre las camisas llenas de manchones y no le importaba bostezar en público sin llevarse siquiera la mano a la boca. Pero siempre cedía el asiento a los mayores en la consulta del médico y se preocupaba de subirse la cremallera del pantalón cada vez que salía del váter. También solía frecuentar el club que había en uno de los bajos de su calle y formaba una pareja estupenda con Manolo Esnaola en las partidas de guiñote que todos los sábados y domingos tenían lugar en el bar de Benito. Pero era un trabajador aplicado y constante, de los que siempre responden cuando el jefe los necesita. Algunas tardes –las menos– bebía más vasos de vino de la cuenta y eso acentuaba su agresividad y su mal carácter. Pero todos los años, por el cumpleaños de su madre, le enviaba un ramo de flores a la residencia y cada semana, religiosamente, le compraba el Diez Minutos a su mujer. Y es que hay cosas por las que, por encima de todo, un hombre merecería ser recordado siempre.




Autor: Carlos Manzano



sábado, 27 de febrero de 2010

A LA LUZ DEL FLEXO







Nunca debí escapar de sus brazos, ni marchar de esas manos que me entendían y sabían acariciarme como yo quiero, nunca debí huir de aquél que me supo valorar. Pero así soy yo, siempre tan valiente y sin miedo a nada. Quería probar emociones nuevas y un nuevo estilo más acorde con estos tiempos, el viejo ya me tenía aburrida siempre empezando cosas que nunca llegaba a terminar. Una se cansa y se deja llevar por el instinto, por el primero que pasa y te engatusa con sus ganas de tocarte. Me olvidé del pasado, de todos los sentimientos y despojada de ellos aposté por una nueva vida con la promesa de nunca más volver la vista atrás. Después de todo, el cementerio está lleno de estatuas de sal demasiado sentimentales. Yo sólo pensé en avanzar, avanzar y seguir avanzando al ritmo que marcaba mi nuevo dueño. Seguí avanzando ciegamente hasta tropezar con el día de hoy que me encuentro aquí conmigo misma, pensando si realmente todo esto ha servido para algo o simplemente ha sido pura autodestrucción. Mientras mi amante anterior se acercaba a mí con suavidad, éste me posee brutalmente… aunque yo no quiera. Mientras uno me acariciaba con delicadeza, éste me pulsa a golpes, me aporrea y me maltrata. Esta noche, a la luz del flexo, sólo soy una vieja y seca máquina de escribir de segunda mano soñando con que regrese mi antiguo poeta.


Autor: Marcos Callau Vicente


sábado, 13 de febrero de 2010

EL ERROR DE MARCIAL BLANCO





Ayer murió Marcial Blanco. Si algo puedo decir de él – y le conocía bien-, es que era un escritor frustrado. Aún más exactamente era un no escritor. Marcial tenía fe en la escritura. Creía que las palabras podían generar mundos paralelos y sin control. Pienso muchas historias, decía él. Cada minuto cantidad de pensamientos pueblan y despueblan mi mente. Le hubiera gustado comunicarlos. Pero no se atrevió nunca a escribirlos porque era un hombre temeroso. Sobre todo temía la muerte. Así que nunca escribió ni una sola palabra. Sin embargo, hoy ya sé que no tenía razón. Si la hubiera tenido Marcial Blanco no se hubiera muerto tan joven. En realidad, no se hubiera muerto nunca.



Autora: Luisa Miñana



sábado, 6 de febrero de 2010

EL TREN DE LA ...







Quería hacer muchas cosas, tal vez no podría todas, pero cuantas más hiciera mejor, el viaje era muy largo y el tren comenzó su trayecto con mucha lentitud, podía recrearse admirando el paisaje, la luna, las estrellas...
Sin saber cómo, y sin ser consciente del tiempo transcurrido, se encontró de pronto en un tren de alta velocidad, vio que faltaba poco para llegar al final del viaje, no había hecho nada, o casi nada, de lo que tenía programado, ya no había vuelta atrás, había perdido todas las oportunidades, sintió una gran desesperación y deseó llegar cuanto antes a su destino, cerró los ojos y saltó del tren cuando éste había alcanzado la máxima velocidad.


Autora: Luna Domingo




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