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BUZÓN

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domingo, 20 de diciembre de 2009

FELICIDADES...HASTA EL 2010






FELICES NAVIDADES...OS ESPERO EN ENERO...MANDAD RELATOS...


sábado, 19 de diciembre de 2009

LAS PINZAS

Sabían que no debían dudar en los momentos críticos. Los problemas no se solucionan dudando. Pero allí estaban… paralizados e inmóviles como dos indefensos ermitaños sin cobijo.

En la playa, la gente estaba especialmente bulliciosa y el sonido de las olas en la rompiente parecía más fuerte que de costumbre, seguramente por la sensación visual que producía un ardiente y, en extremo, brillante sol de mediodía. La luz que rebotaba en la arena blanca era casi incontrolable por los ojos, exagerando el nivel de estrés y saturando los sonidos.

Seguían inmóviles. Imposible evitar el entumecimiento de los músculos metidos en aquel espacio extraño de un rojo deslumbrante que una mano de cría humana balanceaba de un lado a otro, de manera que cada vez quedaba menos mar. Posiblemente, era lo único que podían hacer porque las pinzas resbalaban impotentes en aquella pared tan incomprensible.







Autora: Laura Gómez Recas






domingo, 13 de diciembre de 2009

A TODOS LOS QUE ENVIAN RELATOS (2ª llamada)




POR FAVOR SI ME HABEIS ENVIADO ALGUNO Y NO HA SALIDO TODAVÍA VOLVER A ENVIARLOS A fsabadia@live.com

GRACIAS



UNA MIRADITA AL FUTURO




Un hombre dudaba entre casarse o no con su novia, con la que llevaba ya seis primaveras. Para hacerse una idea le pidió a un adivino que le mostrase en su bola de cristal cómo estaría ella al cabo de dos años. La bola reveló una imagen de su novia con al menos treinta kilos de más.
Ante semejante visión, el hombre decidió abandonar a su esbelta novia, y ésta, desesperada, sintiéndose morir, empezó a comer y comer como una loca.



Autor: Roberto Malo


sábado, 5 de diciembre de 2009

SOL DE JUSTICIA







Otra vez el dichoso temblor. Y el dolor, un latigazo desde la punta del dedo corazón hasta la articulación del hombro como un dardo de fuego que aprisiona y petrifica músculos, huesos y cartílagos, que me convierte prácticamente en un inútil, en un hombre muerto.
Hoy es el día, lo he presentido desde el amanecer cuando he notado un sabor ocre en la boca. De súbito he comprendido lo que tantas veces he oído decir: te quedas sin saliva, empiezas a transpirar aunque no haga calor, sin saber por qué, a la vez que tiritas como la llama de una vela aunque no haga frío, una extraña nube amortigua tus pensamientos y, a través de ella, como un relámpago de lucidez, una única idea se abre paso con el eco de un trueno que anuncia el fin de la tormenta. Lo que no encaja es que no me siento poseído esa paz interior de la que hablan, esa quietud fúnebre, esa tranquilidad interna producida por la asunción del inevitable destino, del convencimiento, para nada perturbador, sino relajante, balsámico, de que no habrá mañana. Sin duda es por culpa del temblor de este brazo mío que se resiste a permitirme abandonar este mundo con la dignidad precisa, sin que parezca que me consume el pavor ante mis enemigos y sin presentarme ante los testigos de mi muerte como una vieja gloria venida a menos, lastrada por una antigua herida que vuelve como una pesadilla recurrente justo el día menos oportuno. No me pondré la chaqueta: el sol del desierto aprieta a mediodía y no quiero que piensen que es el miedo lo que me hace sudar.
Tomo el revólver en la mano temblorosa y aun así ajusta como un guante. Da la impresión de que la sólida arquitectura de la culata y el percutor se han ido erosionando durante años para ajustarse al hueco de mi mano, a la curva de mis dedos. El destello del reflejo de la luz en su cañón de plata me recuerda días mejores, cuando, siendo apenas un joven, me hice un nombre en la frontera. A esa edad uno cree tener por delante la vida que se dedica a ir arrebatando a otros por un precio, sin llegar a sospechar que tarde o temprano puedas ser tú quien ocupe el otro lado de la relación mercantil, que seas tú mismo el objeto del contrato. Y de pronto llega ese día y ya nada importa, ni las vidas que has robado ni las que has perdonado, no importa lo que arrastres a cuestas y mucho menos lo que pudieras tener por delante. Alguien te ha puesto la vista encima. Con eso basta. Es cuestión de tiempo, de dónde y cómo.
Sólo espero que el temblor me deje bajar la escalera y cruzar entre las mesas del salón manteniendo el tipo, que todos sigan sintiendo mi nuca como si tuviera ojos y pudiera controlar los movimientos de aquellos cobardes que empuñan sus armas cuando nadie los mira, dispuestos a cobrarse una pieza de la que presumir. Sólo espero que el brazo se aquiete, que me responda, que me permita desenfundar, apuntar, ojalá que disparar, y, cuando sienta la punzada cálida como un beso de la bala penetrando mi carne, caer con el revólver en la mano, decir adiós conforme a mi fama, a mis glorias pasadas, al nombre que inspiraba tanto respeto como temor en toda la frontera. Sólo espero que no lo hagan por la espalda.





Autor: Alfredro Moreno

Gracias Alfredo


domingo, 29 de noviembre de 2009

LUNES





Siempre me cuesta escribirte en lunes. El fin de semana es una nítida barrera entre mi vida real y tú. Un bálsamo contra ti.
Enormes dosis de cariño en casa, compartir, risas, los niños, él: un equilibrio perfecto.
Así que vencida por los remordimientos y con mi lado más frío, desearía cada lunes, semana tras semana, salir de todo esto y decir eso de "que te vaya bonito".
A veces también pienso en cuanta parte de vanidad y cuanta de amor verdadero hay en estas cosas y sonrío, sobretodo cuando pintarlo de vanidad es mucho más sencillo que admitir que se sigue queriendo.
Tú no eres alguien sin más, alguien que tambalea mi matrimonio porque sí. No. Eres tú. Ése es el problema.
Perderte fue una de las cosas más duras que he vivido. Aprender a vivir mi vida, sin ti, me costó infinito.
Hace muchísimos años supe que os quería a los dos. "Eso no es posible", dijo alguna gente, "siempre se quiere a alguien más".
:-) ¡Qué sabrán ellos!, querer, amar, sentir, perder, amar, sufrir, luchar, amar, sufrir, encontrar, amar, ganar, perder, sufrir... amar.

¿Qué fuimos nosotros?¿Qué somos ahora?¿un error, un jodido error?¿antes o ahora?¿odiar o querer?¿ganar o perder?¿querer ahora?

Duele. Sigue doliendo todo contigo. Duele la afrenta y esta letra escarlata sobre casi la misma cicatriz.
Duele mientras acepto a duras penas todavía cuanto te quiero.
Duele cuando ya nada era posible, duele porque estábamos a prueba de todo y de todos, duele porque todo ha encajado de nuevo. Duele a mis años, y con esta vida ganada a pulso, sentir que nada es mejor que escuchar un te quiero entre tus brazos.
¿Qué es todo esto?
¿Tanta fuerza tenía aquello?
Si no supimos vivir odiándonos, ¿cómo vamos a vivir ahora con todo ésto?.

Escrito por Fiona, un lunes cualquiera.


Autora: Fiona




domingo, 22 de noviembre de 2009

A LAS OCHO DE LA MAÑANA


A las ocho de la mañana aparece empujando la puerta de cristal. - Sé que dará doce pasos antes de entrar en su despacho sin mirarme – Todos los días igual, como si una oleada de colonia Puig me bañara. Igual que en el anuncio de la tele. Todo sucede espontáneamente, yo me arrimo más al ordenador, el boli cae en medio de mis piernas, aprieto las rodillas y las convulsiones empiezan. El boli sube y baja, las rodillas se golpetean contra la varilla horizontal del escritorio, las nalgas se aprietan, alcanzan su velocidad máxima. Inclino la cabeza, las manos debajo de la mesa cumplen su cometido.




Autora; Estels




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